Capítulo XXVI
Chepe Toño:
Nuestra tierra linda está llorando!, miles de nuestros hermanos han sufrido el dolor y la pena que el huracán “Mitch” ha causado en toda el área. Como una muestra de simpatía y respeto hacia ellos, decidí no escribir en espera de que la situación mejorara y, te lo aseguro, que mi corazón y oraciones han ido hacia ellos. No sabía por cuanto tiempo no escribiría pero, han habido algunas personas que me han “reclamado” que continúe con esta mi práctica y, finalmente llegué a la conclución que tienen razón, de ahí que, he decidido volver a esto que en gran medida se debe a una bellísima persona quien, casi a diario me decía que debería de escribir, para ella, mi agradecimiento, mi admiración y eterna gratitud por todo lo que está haciendo por mis hermanitos que están sufriendo.....
Aquí está El Tigrito y su mito:
Chepitonio;
No me lo vas a creér pero, ese día, yo no salí a ningún lugar, por estar pendiente de lo que le pasaría a mi amiguito; en el colegio parroquial había una tarde bailable, en la urbanización de la Chayo había el “cinquiado” que cada sábado y domingo hacían para recaudar fondos, varios de mis amigos estarían en el estadio jugando futbol, algunos de ellos irían a la piscina o a caminar al campo pero, yo no me sentía con deseos de andar vagando, yo solo quería saber que le pasaría a mi amiguito. Por la misma curiosidad, pasé varias veces por la casa de la niña Tancho y, a parte del Mercedes Benz negro del embajador y del Land Cruiser azul (que asumí era del hermano de ella), no ví nada más, es que ellos, (los que estaban adentro) teniendo todo lo que necesitaban en esa casa, no tenían necesidad de salir a la calle. Desde la acera de enfrente, se oían las risas entre los ruidos que los cubiertos de plata causaban al tocar los platos de china y el del hielo al chocar con las vasos de cristal, yo me moría por las ganas de estar adentro pero, obviamente, no me era posible, teniendo que conformarme con la idea que pronto El Tigrito me contaría todo lo que en ese momento y adentro de esa casa se estaba hablando y discutiendo. Ya como a eso de las 5 de la tarde, llegó mi amigo a la casa, adonde estabamos bien ansiosos, incluso hasta la Nora y sus dos gemelitas habían llegado desde temprano para saber que es lo que pasaría con El Tigre, este, se presentó ante nosotros, bien radiante y feliz. Que pasó Tigrito? (le lanzé la primera pregunta), pues...señores...les cuento que me siento muy agradecido con Dios y con el señor embajador por que, esta tarde descubrí que todavía hay almas especiales en el mundo y seres bellos sobre la faz de la tierra!!!, el señor embajador me aceptó como hijo temporal pues, le pedí que me dejara estudiar el tercer ciclo aquí en el pueblo para no dejar de ayudarle a la Nora y el me respondió que no solo me permitiría eso, si no que, ya no tendría que trabajar por que él vería que la Procuraduría General de la República se encargara del caso de la Nora y que además, le buscaría un trabajo, para que ella, ya no tenga que depender de mí!!! Púchica Tigre, me alegro mucho papá! (dije yo), que bueno esta eso! (agregó mi abuelito), Bendito sea Dios!!! (expresó mi abuelita). Tambien fíjense que me dijo el embajador que quería que me buscara un lugar mejor para vivir pues el lo pagaría y que, me consiga un tutor para que me enseñe matemáticas pues yo le conté que en esa materia tenía dificultades, asiesque, mañana mismo voy a ir a platicar con la niña Laura Carranza, para que nos dé un apartamento de los que ella tiene de alquiler y voy a buscar un profesor para que me ayude con mis matemáticas!!! La alegría reinó en nuestra casa esa tarde, mi abuelito hasta se aventuró irse a comprar una botella del “cognacquito” que le gustaba, adonde la niña Orbe y se puso bien chévere el ambiente, El Tigre le dijo a mi abuelita que no cocinara esa ocación pues, el nos invitaría a todos a comer pupusas, fíjense que me dijo el embajador que en la casa de ellos, tendría un cuarto para mí y que, debería ir -por lo menos- una vez por semana, para que me fuera acostumbrando a vivir junto a ellos!, tambien me dijo el embajad..... TU PAPA! (le interrumpí), tenés que empezar a llamarle así Tigrito (continué), acordate que el hecho de adoptarte, le hace a él tu padre!; uta Monsiour!, tenés razón hermano...deberé empezar a llamarle así!
Vamos a traer las pupusa Monsiour?, me indicó mi amigo - haciendo un movimiento de cabeza-, acepté y, nos fuímos de camino, mirá -dijo aquel- vamos por adonde la niña Tancho para que veas que linda está la hija del hermano de ella, es decir su sobrina!;
que, que? (le pregunté);
si hombre, vamos a ver esa chulada de mamacita, vieras Monsiour que esa es -sin nada de paja-, la mujer más linda que vos y yo hemos visto!, esta preciosa, bella, hermosa!!!
Puchica Tigre y que no la viste ya pues?,
si papá pero, es que quiero que vos tambien la veás para que te encu...bras de admiración hacia ella también..., fijate que la muy cabroncita, ni siquiera me volteaba a ver, es que, le parece que yo soy muy poca cosa para ella pero...a mi eso no me molesta por que sé ..... que tiene razón!;
NO! Tigre, eso no papa!, jamás digas eso hermano!, nunca pensés que sos menos que alguien, talvés ella sea muy bella, rica y educada pero...eso no te hace de menor valor que ella ni de nadie papa!;
bueno, talvés tengas razón, vámonos!
Llegando a unos metros de la casa de la niña Tancho, notamos que ya se estaban despidiendo el embajador y su familia, mi amiguito me urgió a que nos apuraramos con un “apúrate papá para que podás ver ese cul.....to a la belleza de mujer!”, casi corriendo, pudimos llegar a tiempo de despedirnos de ellos, el embajador quien ya estaba adentro de su automóbil, salió para darle un abrazo paternal al Tigrito y echándome su brazo sobre mi hombro izquierdo, me dijo: “Espero que nos visites más a menudo, Monsiour!”, Oh si!, claro que si, señor embajador, “No.....no, no me llameis más así, de ahora en adelante llámame Tío, si os place?”, está bien (respondí pero, no me convencía a mí mismo de ello!), El Tigre aprovechó el momento cuando se me acercó el embajador, para mirar alrededor y localizar a la sobrina de la niña Tancho, al comprobar que aún estaba adentro de la casa, me indicó con un movimiento de cabeza que viera en dirección de la sala. Nos despedimos del embajador quien segundos más tarde emprendía su retorno a la capital a través de la calle empedrada que le conduciría a la carretera pavimentada rumbo a San Salvador. La niña Tancho se detuvo por unos minutos más a platicar con unas señoras vecinas que regresaban de comprar pan dulce de la tienda de la niña Mélida y mientras hablaban de lo enmontado que estaba el atrio de la iglesia, todo lleno de zacate, nosotros dirijíamos nuestras miradas hacia la sala principal de la casa, adonde, sentada en uno de los sofás de piel color azul marino, junto al imponente reloj de piso “Jergen’s” color caoba obscuro con un varniz bien brillante, contrastante con el bello cuadro colgado de una pared representando una escena de la vida citadina (al mejor estilo de Van Gogh o Seurat o Degas o Renoir), estaba aquella dulce creatura de Dios quien, de seguro al presentir sentirse observada, volteó su cabeza a nuestra dirección y dirijiendo su mirada hacia mis ojos, hizo que mi cuerpo se “petrificara”, que el pulso se me dilatara y que mi corazón se detuviera momentaneamente; sin saber que hacer, me quedé a su merced y ella -sin perderme la vista- empezó a levantarse lentamente, al estar totalmente de pie, su porte de bella joven doncella era bien claro y definido, sus pantalones negros, ceñidos a su cuerpo, ayudaban a resaltar sus bien torneadas y largas piernas y su pequeña blusa, color amarillo oro con un artístico nudo al frente, dejaba ver su ombligo; encaminándose hacia mí, al pasar através de una ráfaga de luz solar que inadvertidamente se colaba entre las cortinas que adornaban las ventanas, pude observar como sus ojos se enriquecieron con un chispazo de sol que los iluminó y convirtió los que hasta ese momento eran unos inexpresivos, en unos bellos y melancólicos órganos color miel, yo, paralizado en ese lugar, sentía como una vorágine de instintos se paseaban en mi subconciente, ya enfrente de mí -a unos escasos pasos-, al estar totalmente distraído (más bien, atraído!) por esa inexplicable belleza emanante de sus ojos, no noté que ella me preguntaba algo, no fué hasta que El Tigre me sacudió, que volví a la tierra y ella, al notar mi abstracción, dibujo la sonrisa más angelical que mis ojos habían visto, dándole una expresión más hermosa y real a su presencia la que, hasta ese momento, había sido etérea, sublime, casi celestial!, si! (fué todo lo que mi boca me permitió decirle), entonces vamos? (preguntó ella), vamos! (le respondió El Tigre), sin saber adonde nos dirigíamos, nos fuímos los 3, caminando por la acera de la casa de la niña Tila, pasando por la zapatería de don Milo y, fué hasta cruzar en la esquina de don Goyo, que me dí cuenta que ivamos a la sorbetería!
Al ir a la par de esta hermosa muchacha, sentía como sus bellos cabellos dorados, rozaban graciosamente mi cara, movidos por la brisa vespertina y el aroma de su piel se me impregnaba totalmente llenando mis pulmones y envolviéndome en un ensoñante y embriagante estado. Su sonrisa era como una armoniosa tarde de verano, con el trinar de los pájaros y el tremor del viento al mover las hojas de los árboles. Su bien delineada cara se acompañaba de unos simpáticos camanances que le hacían mucho más atractiva y a la vez...tan...lejana de alcanzar!!!
Regresamos a la casa y absorto aún en el embelezo de su presencia, no reparé (ni recuerdo aún a estas fechas), que clase de sorbete pedí, quien pagó, cuanto tiempo nos tardamos en ir y regresar, es decir, solo sé que esa tarde de mi pueblo, estuve a la par de la mujer más bella que mis ojos habían visto y que “todos” mis sentidos habían observado!, justo al llegar, su familia estaba afuera, buscándole y al verle llegar, su mamá le increpó por haberse ido sin darles ningún aviso, bueno la tía Tanchi estaba presente cuando nos fuímos y solo quería un sorbete! (replicó ella), si pero no dijiste adonde ivas, nos tenías preocupados, hija! (salió al encuentro don Roberto, su papá), ay...papi, si yo ya no soy ninguna niña! (dijo ella, al momento de abrir la puerta de atrás del Land Rover y saltarse hacia adentro). Don Roberto continuó con los abrazos y besos de despedida, agarró de la cabeza al Tigre y dirijiéndose a los dos, nos dijo: “Cuiden a mi hermanita muchachos!” (refiriéndose claramente a la niña Tancho). Abordó el vehículo y al voltear con rumbo a la carretera pavimentada, desde la ventana trasera, aún abierta, aquel portento de mujer levantó su mano para despedirse de mí y giñándome un ojo, la ví alejarse ya en la entrada tarde.
Uta Monsiour, vamos a traer las pupusas papá (me recordó ElTigre), de plano man! vamos. Mirá man, verdad que está linda mi muchachita? (me preguntó aquel), si man, está bien linda pero, sin ganas de joderte papá, te tengo que decir que ella, ni te volteó a ver Tigre, yo creo que no le gustás, ni le caés bien! creo que no deberías hacerte ninguna ilusión!
Yo sé pero, eso no quiere decir que no tenga derecho a soñar verdad?
Ante una pregunta que no tiene respuesta correcta ni equivocada, ante un reclamo por un derecho tan de él, como mío o como de cualquier ser humano, ante un anhelo tan propio, tan simple y a la vez tan complejo, no me quedó más alternativa que...dejar que mi silencio se convirtiera en un buen cómplice y aliado de una esperanza que, secretamente yo también albergaba.....
Ah cosas de la vida, verdad Chepito amigo?
Te seguiré contando brother!
Salú
El Monsiour.