Capítulo XXXIV
Hola Cheperico;
Que me alegró tu llamada el otro día, sinceramente me dió mucha satisfacción que la Dinorita se haya expresado así, acerca de su estadía aquí con nosotros, ya sabés hermanito que esta es tu casa y que serás bienvenido el día y la hora que fuera.
Si hombre, eso de la Ana “Canastos”, pasó hace muchos años y -quizás- por lo decepcionante de ello, todavía me molesta y siento un dejo de amargura en mi ser. La historia continuó con unos espectáculos bochornosos y degradantes de parte de ella quién, al sumirse más y más en el vicio del licor, se fué convirtiendo en víctima de vividores y maleantes quienes, considerando el bonito cuerpo de la Ana, bien macizo, de piel morena clara, de piernas de corte rollizo, de su cara con mirada inocente y sobre todo de su edad casi de niña, la fueron sometiendo a “tratamientos” de sumisión sistemáticos que, con el correr del tiempo fueron suficientes para hacer de ella, una mujerzuela sin el más mínimo respeto sobre su propia persona. Bien presente tengo, otra acasión que me la encontré un día que junto al Tigre, y El Oriental, ivamos a la casa de Noé Portillo a las afueras del pueblo, a jugar póker y que, al pasar por la casa de la “culuehierro” vimos a través de la ventana, que se habían reunido varias “personalidades” del mundo de ellos, es decir, de la gente de la Menchita, del comandante y sus secuaces, la Ana salió al encuentro de nosotros, preguntándonos adonde nos encaminabamos y si, podría acompañarnos?, El Oriental le dijo que me preguntara a mí y ella, se me acercó y con gestos coquetos y ademanes sugestivos, me dijo que si la dejaba ir con nosotros, ella estaba dispuesta a lo que fuera y que, yo sería el primero..., solamente tendriamos que comprarle una “pachita” de 3-Puentes!, me dió tanta lástima y me molestó tanto que, tan solo le ví a los ojos y me alejé sin darle respuesta, El Oriental le dió el pisto para que se comprara la “pachita” y al aparearse conmigo me preguntó por que me portaba así con ella?, mirá Oriental (le respondí), fijate que la Ana era, hasta hace unos 2 meses, mi compañera de estudios, ella, a pesar de no ser una muchacha brillante, si tiene lo que se requiere para seguir estudiando y convertirse en una profesional, yo sé que ella tiene problemas en su casa -debido a los continuos pleitos entre sus papás- pero, eso no creo que sea motivo para que opte por ese camino de menosprecio hacia su persona, hacia su prestigio, hacia su autoestima, hacia su valor; a mí, me dá mucho dolor el saber que ella ha escogido el camino más facil y renuncio totalmente al hecho de contribuir a su desgracia y autodestrucción total, por ello, me comporto así! Mirá Monsiour -interrumpió El Oriental- yo creo que estás exagerando, ella solamente quiere divertirse un rato, como ella sabe que nosotros somos bien “chéveres” y miembros del “JetSet” del pueblo y, como le gustamos, quiere estar junto a nosotros y gozar de la vida, además, y nosotros que perdemos?, como que qué perdemos? (le acosé), no te parece demasiado que esta pobre cipotía hermana nuestra, se tire al vicio y a la perdición?, no te importa que un ser humano lindo y ufano -como ella- sea usado y pisoteado por infames, corruptos y malvivientes que, solo buscan su propio provecho?, ponete a pensar que ella fuera tu hermana Oriental!, te gustaría eso? (le invoqué), que harías entonces? (asesté); mi amigo, solo atinó a quedarse viendo a mis ojos que de seguro brillaban de determinación y casi entre dientes dijo: “este...tenés razón Monsiour, la ca.....ntié”.
Procedimos a la partida de póker y allá, bajo la sombra de aquel frondoso y bello palo de mango en el patio de la casa de Noé, se nos fueron los minutos y horas de aquella hermosa tarde guanaca, entre amigos/hermanos que, comunabamos las mismas creencias, los mismos conceptos y los mismos anhelos.
Al irnos de regreso, les pedí que nos desviaramos para no pasar por el “antro” en que la casa de la ‘culuehierro” se había convertido, así lo hicimos y procedimos sin ningún acontecimiento que resaltar.
Lo que no supimos fué que, el comandante al ver a la Ana bien borracha, se la había llevado para un cuarto que alquilaba a escondidas de la Menchita, allá en el Mesón Quemado en la calle al Cantón El Refugio y ahí, pues, dicen que él se aprovecho de la situación y de la Ana! Esto hubiera quedado oculto y nadie lo recordaría, si no fuera por que, durante unos días, la Ana no llegó a su casa y sus familiares le buscaban por todas partes y no aparecía. Fué hasta que algunos inquilinos del Mesón Quemado se acercaron a la comandancia para reportar el mal olor que del cuarto del comandante emanaba que, este tipejo se recordó de la Ana y sin demostrar preocupación ni emoción alguna, dicen que les respondió a los quejantes que el tufo era por unos tacuazines que había matado hace unas noches y que se le había olvidado prepararlos para que no apestaran, pero que pronto iría a sacarlos de su cuarto.
Unos días después, se regó por todo el pueblo la bulla de que unos cipotes habían encontrado un cádaver de una muchacha, adentro de un saco de nylon, tirado en un zanjón allá por la quebrada del cantón Los Naranjos, muchas personas que lograron ver el cuerpo, contaron que estaba desnudo y que tenía muestras de agresión física y sexual; se le notaban en su cuello y sus pechos unos dedazos bien marcados y en otras partes tenía muchos moretones decían. Este trágico hecho fué muy comentado en el pueblo y, después de algunas averiguaciones y reconocimientos de parte de los familiares, resultó lo que temíamos: el cuerpo encontrado era el de la pobre Ana “Canastos”!!!!! En todo el pueblo se comentaba sobre esto y la indignación era total, incluso muchas personas fueron a la alcaldía a pedirle a la Menchita que ordenara una investigación rápida y eficaz, aquella, les respondió que no se preocuparan pues, en ese mismo momento le pediría al comandante que se hiciera cargo de eso y que no descansaría hasta que se descubriera el o los culpables del crimen.
Otras personas fueron al puesto de la “benemérita” guardia nacional, al juzgado de paz, a la policía municipal y hasta a la gobernación departamental a pedir justicia.
En esos días estalló la bomba que originó Chus “Gato Seco” quien, al estar bien borracho en la cantina de Gonzalo “El Gordo”, dicen que contó que él, junto a Chente “Cara de Pato” y Adrián “Petaca” había visto una de esas noches (cuando se estaban “metiendo unos talagüaistazos” con boca de mango tierno), al comandante sacar un bulto -bastante grande- de su cuarto y echarlo a la parte de atrás de su pick up, agregó que el comandante no les vió pues ellos estaban detrás del tapialito de la casa de don Guayo Castro y que, les pareció muy sospechosa la actitud del comandante pues, volteaba a ver muy nerviosamente para todos lados y que solo al asegurarse que nadie lo veía, se aprestó a entrar a su cuarto y salir al ratito, arrastrando el bulto, rapidamente lo tiró al pickup y se fué con rumbo al monte, por último, dijo que hasta las luces del pickup llevaba apagadas. Esto se regó por todo el pueblo y el reclamo se fué haciendo más y más grande, a tal punto que, un día, un gran gentío se congregó enfrente de la alcaldía y, lanzando gritos reclamando justicia, exigían que saliera la Menchita y que ordenara el arresto de su marinovio, como la Menchita mandó a cerrar el portón de hierro de la entrada, la gente se encaminó de manera ruidosa y muy airadamente hacia la comandancia local pues, las sospechas caían inevitablemente sobre el comandante y el clamor general era yá el de imponer justicia ante este brutal y despiadado acto criminal; al llegar cerca a ese lugar, estas personas se encontraron con que, en las esquinas, atrás de los postes de la luz, se habían apostado algunos cuilios de la “descalza” con unos machetes y hasta garrotes pero, estos, al ver el gran gentío, se hicieron los majes y dejaron que la gente siguiera su camino. La gente llegó al lugar y, al encontrar la puerta cerrada, empezaron a golpearla con tanta fuerza que la abrieron de un porrazo, al entrar, se dieron cuenta que el comandante se había escapado de ahí y quizás hasta del pueblo, al saltarse unos tapiales y huir enmedio de los ladridos y mordidas que los chuchos de la casa de don Martín “Yuquita” le daban; aquellos, encontraron -eso sí- unos zapatos y ropa íntima de mujer, tirados (debajo de una cama de lona toda chuca y maloliente), que muchos alegaron eran de la Ana “Canastos”. Con esto, se corroboró que el comandante era el responsable de haber cegado y terminado con la existencia de la ufana y pobre Ana “Canastos” la que, ahora de seguro está descansando en paz!!!
Esto hizo que algunas personas se sintieran frustadas en su afán de ajusticiar a este criminal pero, la mayoría sintió un alivio al saber que el pueblo se había “desprendido” de un malviviente y corrupto personaje que solo daño y dolor había acarreado a la población y, esperaban no verlo nunca más!
La Menchita se ocultó por unos días, en la alcaldía hebía un letrero que decía que la “honorable alcaldesa se encontraba fuera de la localidad, llevando a cabo unas diligencias junto a otros gobernantes y que su oficina estaría cerrada hasta nuevo aviso”, conociendo la clase de “alimaña” que esta mujer era, todos en el pueblo sospechaban que andaba visitando a su marinovio, de seguro, dándole pisto y otras cosas que aquel le había mandado a pedir.
Una mañana, la Chayo llegó a mi casa a invitarme a ir con ella a San Salvador, es que quiero ir a visitar a una amiga que se vá a ir para los Estamos Sumidos fijate, me dijo, y pues, me voy a despedir, vamos? Acepté y nos encaminamos hacia el punto de camionetas, adonde nos encontramos con...El Tigre y su nueva novia, la profesora! quienes, también ivan para San Salvador, de esto, te contaré otro día oyiste Chepistonio?
Bueno, me tengo que poner a juntar el fuego si no, no cocina mi “Jessica Lange”...
Por favor saludame a la Dinorita y dámele un fuerte abrazo a tus crías, especialmente al “little Monsiour”.
Salú brother,
El Monsiour.