Capítulo 39
Chepe Toño:
¿Como han estado brother?, ¿Ya se le quitó la viruela al little Monsiour?, ¡tenés razón al decir que, aunque uno sabe que a todos los niños les dá esa enfermedad (nos dió -logicamente- a nosotros), no deja de sentirse preocupación al ver que le dá a uno de sus hijos!, lo bueno es que, ahora hay muchas y mejores medicinas para contrarrestar los efectos negativos. En relación a lo que te contaba en mi carta anterior, fijate que me fuí a Lourdes el siguiente sábado; como a la una y media, ya estaba afuera del “Mondongo Internacional”, esperando a la mentada Olga, se llegaron las 2, las 2 y media, las 3, las 3 y media y neles chele!!!, no quedándome de otra que regresarme al pueblo bien triste y bravo de la decepción. Todo se me olvidó cuando al ir a comer chilate al puesto de la niña Tey, me encontré con Luis “Pelagata” quién me preguntó si quería ir a “tirar” esa noche, es que fijate que, con Walter “Cara de Guante” hemos pensado ir allá por las lomas de Sacacoyo, cerca de la finca de los “Macachiche” por que dice Neto “Pepino” que el fué la semana pasada con Carlos “Chumpe” y Beto “Closh” y que, habían traído 6 conejos y un tacuazín blanco. ¿Y con que vamos a tirar? (le pregunté), Walter va a llevar el fusil de su abuelo y le decimos al profesor Gutierrez que nos presté el de él, ¿que decís, Monsiour?, está bien “Pela”, ¡vamos!, eso sí, vos andá pedile el fusil al profe! y nos vemos enfrente del molino de don Angel; bueno -dijo aquel- nos vemos ahí como a las 7 y media pues tenemos que “remar” un buen rato! Al llegar a mi casa, encontré a mi abuelita con un fuerte dolor de cabeza. Mirá hijo -me dijo mi abuelito-, ¿por que no te subís a un palo de naranjas y cortas algunas hojas para hacerle un té a tu abuela?, es que, ya se tomó varias Mejoral y no se le quita!, así lo hice y mi abuelito procedió a preparar el té para mi abuelita. Nadie hablaba en la casa, mi hermana me hizo señas para que nos fueramos al patio (cerca de la bodeguita de mi abuelo) ahí, ella me contó que la causa del dolor de cabeza de mi abuelita, era debido a que mi tío Miguel se había peleado con uno de los hijos de don Quique Palacios y que, le había dado tan fuerte sopapeada que, aquel lo tuvieron que llevar al hospital y por eso, mi tío se fué huyendo para San Salvador, a la casa de otro de mis tíos. A eso de las 7 y 20, ya estaba “Pelagata” esperándome arrecostado en el poste enfrente de la vitrina de la tienda de don Sergio, tenía puesta su chumpa color café obscuro y en una bolsa “Lintorrey” de las de a 10 centavos, había puesto los dos fusiles envueltos en papel de diario; Walter no había llegado y decidimos esperarle. Aquel llegó corriendo, como a eso de las 20 para las 8 a contarnos que ya no iva a ir, ¿que decís? (le preguntamos, al mismo tiempo), si hombre es que, no me dejó ir mi papá. Luis me preguntó si nos ivamos solo los dos, ante lo que le respondí que si!, y salimos rumbo al monte!!! Con la luz que de una pequeña lámpara de pilas que, adaptada a un casco de soldador nos iluminaba el camino, pudimos llegar al supuesto “cazadero”, ahí, enmedio de aquella obscurana que los palos de pepeto y madrecacao nos brindaban, preparamos el equipo de caza que llevabamos, salimos a la zona abierta que formaban unos sembradíos de col, pepinos y heras de rábanos, como eran apenas las 11 y 9 minutos de la noche, dispusimos acampar en una champa de plástico y ramitas hecha enmedio de un clarito que de seguro, era usada por los sembradores para tomar sus descansos enmedio de sus agotadoras -y mal remuneradas- labores diarias. Cabal -como a eso de las 12 y media- empezó el obscuro cielo nocturnal a “parpadear” como anuncio de una lluvia torrencial que se avecinaba, hicimos caso omiso y empezamos a poner atención a los casi imperceptibles ruidos y sonidos que en la quietud campestre de mi tierra linda, asomaban como indicación de actividades llevabas a cabo por aquellos diminutos seres de la naturaleza. Luis, quién se ufanaba de tener más experiencia en la “cacería”, me dió indicaciones de irme por el lado derecho de un riachuelo que por el lugar pasaba y, llegar hasta un matal de chichicaste desde adonde, debería virar hacia mi izquierda, pasar sobre el riíto, subir una pequeña elevación y poner atención a los ruidos que del sembradío emanaban, cuando mirés dos lucecitas rojas brillantes, apuntá en medio de ellas y dispará Monsiour (me dijo), hice todo y al llegar al lugar descrito por mi amigo, sentí como una mano pesada tocaba mi sudorosa espalda, volteé a ver y mi rostro fué sorprendido por una corriente de aire que, con su recorrido había levantado una intensa polvareda que impedía la visión, opté por regresar a la champita y empezé mi camino, durante mi retirada (que no era más que unos 75 metros), la lluvia había arreciado más y era ya una tormenta tropical de mediana magnitud. Casi llegamos al mismo tiempo con Luis, este, se había recostado contra el lado sur de la choza (que estaba apoyado contra un horcón grande y macizo) y, riéndose me dijo... ahora si que la ca.....ntiamos Monsiour!, no vamos a cazar nada y, ni nos podemos regresar al pueblo pues el río de Copapayo, estará bien crecido con esta correntada; mejor nos vamos a quedar a “dormir” aquí! No respondí pues comprendía que aquel tenía razón y, lo importante era mantenerse “secos” en ese momento. Puse “mi” fusil a un lado y me quité la chumpa que llevaba. Encendí la lámpara y ví unos tizones aventados, busqué entre mis cosas y encontré una cajita de fósforos “Caballo Negro”, traté de encerder unos 3 ó 4 pero, no encendían, Luis me pidió la caja y con su “juelgo” empezó a calentarla, se la puso también en sus “sobacos” y enmedio de sus “aguacates”, finalmente, logró encender uno y prendió así los pedazos de leños que en esa champita habían dejado nuestros humildes hermanos trabajadores. El ambiente se calentó un poco pero, la lluvia no amilanaba allá afuera. Luis (con toda la tranquilidad del mundo), me dijo: parece que no vá a dejar de llover hasta mañana, asiesque, yo me voy a dormir...dormite vos también Monsiour! Aquel se dejó caer en los brazos de “Morfeo” y yo me quedé atento a los diferentes sonidos que la naturaleza nos ofrece, no sé que hora era cuando el fuego de los tizones se empezó a extinguir y yo, ante la incertidumbre de la situación pero, con la idea de sobrevivir aquella noche de la mejor manera posible, opté por escribir; agarré un pedazo de papel de un “Gallito” de menta que llevaba en la bolsa izquierda de mi pantalón “Buffalo” y con un cutuquito de lápiz “Facela”, solo se me ocurrió escribir un “guiyo” poema del que solo me acuerdo lo siguiente:
“Es medianoche... llueve bastante, Cae agua en derroche... y está triste mi corazón ambulante!
¡Ah que tempestad... tan tenebrosa!, ¡Que noche de terror... caen rayos rugientes por doquier... y eso, me provoca ..... horror!!! (El Monsiour, 10/17/72)
Continuaré después Chepito, por favor cuidate y sentite orgulloso, muy orgulloso de saberte “salvaguanatrucha”!!! Salú, El Monsiour. Orgulloso Miembro de UNISAL
Salú,
El Monsiour.