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Capítulo XXXVIV

Capítulo 39



Chepitorio:

Que bueno que ya se alivió tu hijito! Nosotros aquí, estamos -gracias a Dios- bien. Emprendimos el regreso al pueblo, bien temprano, el sol apenas empezaba a azomarse allá, sobre las lomas y montañas de la zona de Saragoza y Comasagua, tan llenas de cafetales y varios sembradíos sirvientes de sostén a cientos de familias que, en esa época del año, inmigraban provenientes del oriente y norte del país. El rocío de la mañana al ser rozado por la brisa proveniente del suroeste, es decir, bajando al valle (o Meseta Central, como se le conoce, también) desde las montañas que forman la continuación de la Cadena Costera en la Tierra Linda y que, más al sur del continente, se convierte en la Cordillera de Los Andes, se tranformaba en una hélida corriente ventosa que, de manera caprichosa e irrespetante, se entrometía entre nuestras ropas, causando unos contínuos escalofríos y temblores de cuerpo que, al paso de los minutos (y de las cuadras caminadas), se fueron haciendo menos frecuentes, dando paso a las gotas de sudor que nuestros jóvenes cuerpos emanaban, como respuesta lógica a la extenuante caminata que habíamos emprendido; de la misma manera, las ténues y opacas imágenes que indistingiblemente en los albores del día habíamos visto, enmedio de las penumbras de la noche en su triste despedida, se revestían de una inuscitada belleza pura y colorida que -con los bellos cánticos de las chiltotas, torogoces, guardabarrancos y dichosofuís- nos impresionaban con una inmensa y vasta vista de un panorama amplio y maravillosamente hermoso!, aquello era -sin lugar a dudas- un espectáculo de vida, luz y sonido, era, una panorámica del suelo guanaco!!! La campiña salvadoreña cobraba vida a cada segundo y se cubría de una magnífico esplendor que agradaba a la percepción del ojo humano, haciendo vibrar los sentidos que consecuentemente estimulaban al espíritu del caminante o simple espectador de aquella rica y exhuberante manifestación de la naturaleza. Al paso de los segundos y de nuestras huellas sobre ese suelo bendito, el sol -eterno alumbrante-, afanosamente se empecinaba en hacernos sentir “dueños” del espectáculo con sus alentadores “zasgazos” de luz y fulgor que (complicentemente), descubría ante nuestros ojos, nuevos parajes -llenos todos- de una intrínsica belleza pura y ufana, no solo como muestra clara e inequívoca de lo tremendamente hermoso que nuestra Tierra Linda es, si no que también como recordatorio del compromiso que como buenos “salvaguanatruchas” deberemos sentir y DEMOSTRAR hacia ella, como agradecimiento y/o tributo por todo lo que a ella, le hemos tomado (robado, en algunos casos) y que, al sentirnos “realizados” (ya sea en el tiempo o “estados mentales”), muchas veces olvidamos, resentimos, desmentimos, negamos o incluso pretendemos obviar y colocar en el canasto de lo “sin valor”, sin darnos cuenta que, al hacerlo de esta manera, solamente estamos postergando algo que, tarde o temprano, irremediablemente, (gracias a Dios!) estaremos gozando humildemente, consintiendo disimuladamente o -en el peor de los casos- aceptando a regañadientes!!!, es que, ... nuestra Tierra Linda es amadísima por que ella, esconde (cariñosamente) lo que alguna vez hicimos y de lo que nos avergonzamos y que, ahora queremos ocultar, como que al hacerlo de esta manera, creyéramos que, desaparecerá del ambiente, sin darnos cuenta que..., por más que lo neguemos, eso....., siempre lo llevaremos en nuestras conciencias y, no es culpa de nuestra gente -mucho menos de nuestra tierra-, es culpa nuestra y deberá ser obligación nuestra, el aceptarlo -primeramente-, comprenderlo -enseguida- y finalmente, prometernos -sinceramente y en presencia de Dios-, ya no incurrir en ello!!! Al acercarnos al tapial de una finca, lleno de veraneras y chulas coloridas, pudimos alcanzar a una carreta halada de bueyes que, con unos cuatro “paisanos” encima, se arrastraba lentamente en dirección de mi pueblo; de unos barriales, montes y veredas, fueron apareciendo poco a poco, más y más caminantes que, debido a ser día domingo (y consiguientemente día libre), con la firme idea de asistir a la misa de las 6, se encaminaban alegremente en procesión de fé y hermandad; a punto de cruzar el río de Copapayo (que presentaba todavía una imagen rebelde y amenazante, debido a su caudal que se había enriquecido con la contribución de la tormenta de la noche anterior), nos alcanzaron unos señores a caballo quienes traían unas guitarras y quienes, al son de algunas canciones rancheras, amenizaban su travesía através de nuestro territorio guanaco. Estos señores nos alertaron que, el río estaba muy crecido y que, debido a que la carreta no pasaría, deberíamos esperar un rato, hasta que la correntada amilanara un poco. Así, los dueños de la carreta, decidieron esperar; de manera rápida y sin aviso, uno de ellos arrimó unas piedras y se sentó en una de ellas, invitando a los “caballeros” a hacer lo mismo; aquellos se bajaron de sus caballos y se enfrascaron en una amigable sesión de canciones rancheras. Mientras se bajaba la correntada del río, nosotros (especialmente yo - que nunca me ha gustado esa música), no teniamos más alternativa que “aguantar” y hacer caso omiso de los gritos de ellos. Después de un rato, Luis les hizo “gallo” y junto a ellos, se puso a cantar aquellas que dicen: “Grabé en la penca de un magüey, tu nombre...!!!”, “Me caí de la nube en que andaba...!!!”, “Ese es el perro negroooooo...!!!” y otras del mismo corte hasta que... uno de ellos (animado por Luis) se me acercó y casi empujándome, me “juntó” a los del conjunto y me obligaron a que escogiera una canción y que la cantara junto a ellos. Se me ocurrió una de Leo Dan que dice: “Si pudiera estrecharte sería tan dichoso, el mundo más hermoso lo vería por tí, pero no se que hay entre nosotros, que me separa cada día mas de tí...esa pared... que no me deja verte, debe caer, por obra del amor... esa pared.... que nos separa siempre.....!!!” y, sabés una cosa Chepito?, les gustó mucho a los que ahí estaban que me pidieron que la cantara de nuevo y así lo hice!!!, el problema fué que después me pidieron otra, con lo que empecé cantar en “solo” aquella de Marco Antonio Muñiz que dice: “Si no estás conmigo, nada importa...el vivir sin verte...es morir...!!!” y...uta Chepito, todos se pusieron a la par mía a repetir los coros de esta canción y a gozar del momento y...a joder papá!!, vieras que ver...de se veía el panorama! Quizás eran las 6 de la mañana, cuando unos se aventuraron a atravezarse el río y, al lograrlo, hicieron que otros se aventuraran en el mismo propósito, solo que estos últimos, cuando no pudieron cruzar el río, al regresarse...un poco asustados y aún temblorosos (debido a la emoción), decidieron “engatuzarse” unos cuantos “chilagüistazos” de chicha y, de nueva cuenta se embarcaron a la aventura esa de...atravesarse el río y...al lograrlo... se lanzaron en efusiva muestra de contento y alegría...alejándose de nosotros...rumbo a mi pueblo... Nosotros, nos quedamos quietos por varios minutos y, al calor del día (que ya se sentía -por demás fuertemente en nuestras espaldas-), decidimos esperar. En uno de esos momentos, noté una pequeña elevación e invité a Luis para subirla, al estar sobre ella, no pudimos evitar sentir una profunda emoción y gozo, cuando en la distancia, pudimos distinguir a nuestro pueblo tan lindo y humilde que, nos esperaba impacientemente con toda esa linda gente de buen sentir y de buenos sentimientos, gente pues, que nos aceptaba y quería -tal como eramos-, solo que, ahí también (desafortunadamente) en ese pueblo nuestro (tan querido y respetado), habitaba gente como la Menchita, Paco “Suerte” y otros, quienes, al tener su cabeza llena de cieno y su mentalidad tan podrida, profesaban -efusivamente- exabruptos contendores de odio y rencor en contra de los que ellos consideraban “sus enemigos” (sin saber ¿por que?, mucho menos sin darse a la tarea de descubrir la razón...) y, allá en ese lugar (concientes de nuestra “inmadurez”) decidimos seguir adelante, en la ruta hacia nuestro pueblo y hacia nuestras metas, sin importar las “aberrantes” expresiones e intenciones que las personas inmaduras, políticas (como les llama mi hermanito Amylcar’s), incoherentes, desajustadas y sobretodo..resentidas sociales tenían (y siguen teniendo) o sentían (y siguen sintiendo) en contra de los que solo pretendemos... “Establecer a Diferencia”. Lo bueno Chepito, es que, siguiendo los enaltecedores conceptos que una vez me dijera Pedro “Juash” (un borrachito de mi pueblo), nosotros deberemos seguir nuestro camino, haciendo caso omiso de los desajustados, políticos, amargados y eternamente amargados sociales quienes por siempre buscarán a otros para acusarles de sus propias fallas y carencias..... Nosotros deberemos siempre Chepito, sentirnos orgullosos, muy orgullosos de sabernos salvaguanatruchas por que eso, es un gran honor!!!!! Salú,

El Monsiour.

Orgulloso Miembro de UNISAL

Salú,

El Monsiour.


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