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Capítulo XXXXI

Capítulo 41



Hola Chepe Toño:

Esa noche, allá en Apastepeque, don Chamba nos preguntó por que nos habíamos tardado tanto y también, por que lucíamos como espantados?, por temor a darle la impresión de ser "problemáticos" (y que por eso, no nos invitara a otros lugares), le respondimos que al regresar de acompañar a las muchachas, al pasar por unas matas de tuna, ahí agazapado en medio del polvo y la ceniza, habíamos visto al REY dentro de la costumbre narrativa Cuzcatleca: EL CIPITIO!!! El, solo se sonrió y al empujarnos suavemente adentro del microbús, dió por terminado el asunto. El Tigre me invitó a dormir en su departamento. Al día siguiente, me despertó diciéndome que deberíamos ir a la policía a denunciar al comandante, estás loco o te hacés Tigre? (pregunté), que no vés que esos son igual que él? (continué), tenés razón Monsiour pero... me encachimba que ande por ahí bien tranquilo, después de lo que le hizo a la pobre Ana "Canastos" (QEPD), mirá Tigre, lo que si podemos hacer, es ir adonde la familia de ella y contarles lo que nos pasó anoche, que decís?, Si!, me parece bien, vamos! La familia de la Ana, escucharon nuestro relato y después de agradecernos y prometernos mantener nuestros nombres en secreto, nos confiaron que irían a buscar a ese asesino y no descansar hasta ponerlo detrás de las rejas. Esa tarde, por ser día domingo, habría partido de futbol en el pueblo, de tal manera que dispusimos ir, primero iríamos al puesto de la niña Nico, a saborear una deliciosa leche poleada que solo ella sabía preparar. Llegamos al pequeño estadio de la localidad, sabíamos que el partido era de gran importancia para el equipo del pueblo pues, de ganarlo, clasificaría para pelear el ascenso de categoría, debido a ello, había una gran cantidad de gente y se podía apreciar que mucha más venía en camino. Cabal enmedio de un grupo de muchachas, caminaba la profesora quién al ver al Tigre, se avalanchó sobre él, cubriéndole de besos, abrazos y caricias, ante el asombro y morbo de la gran multitud presente, de entre los cuales, hubieron más de algún bayunco que gritaba sus jayanadas y de otros que simplemente silbaban toda clases de mensajes. Yo me fuí con unos cheros, al otro lado de las graderías, desde ahí presencié el partido y observé como El Tigre y la profesora, se salían del estadio antes que terminara el partido... El equipo del pueblo perdió y la tristeza era casi total en todos los rincones, la gente no aceptaba el resultado y muchos argumentaban que había sido a causa del árbitro, quién se había vendido al equipo contrario, algunos, se fueron agrupando en la casa-club del equipo y - con el caer de la tarde, con el propósito de negar (o no aceptar la realidad), se escudaron en la derrota para "consolarse" o para darse ánimo con unos "trancazos" de "3-Puentes", "Mechazo", "Chicha" o cualquier otro "espíritu" que cayera en sus manos y así, con el paso de las horas y del efecto de estos "estupi-hacientes", se fueron armando grupos cada vez más numerosos de gente acalorada que, luego se convirtieron en hordas de enardecidos y violentos seres los que, alienados por los sermones divisivos, derrotistas y holocáusticos de uno que otro "político", se fueron al Instituto de Educación Media local a destruir muebles, materiales didácticos, equipos de laboratorio, televisores y cuanta cosa se encontraron, gritando consignas contra los profesores de ese plantel, a los que acusaban de comunistas, por el simple hecho de que, uno de los maestros de ese centro educativo, era originario del mismo pueblo de adonde era el equipo que le había ganado al nuestro..... La policía y la "benemérita", brillaron por su ausencia!!! El escándalo fué muy grande y el miedo que causó entre los profesores de las otras escuelas del lugar tan profundo, que muchos optaron por no ir a dar clases en los dias siguientes y los maestros que eran de otros lugares, se regresaron rapidamente a sus pueblos. Todavía me acuerdo Chepito que esto, dió pauta a la formación de grupos armados y violentos que, ganaron notoriedad a causa de las palizas y golpizas que causaban a los profesores, estudiantes, obreros y cualquier persona que osara diferir de la postura del gobierno, estoy hablando de los inicios de la tristemente recordada Mancha Brava que tanto luto y dolor causó en nuestra sociedad y la que, fué apoyada y sostenida por el gobierno, los ricos y los militares. La profesora se fué a la casa del Tigre allá en San Salvador, un día que les fuí a visitar, comprobé que, ante la inocencia del embajador y sus demás familia, bajo sus narices, El Tigre y la profesora vivían ya una vida de pareja, desde hace rato. Parecía que El Tigre, se había olvidado de la Ada y decidido volver a la "seria" relación con la profesora, la misma señorita que desde niño, aquel había admirado, soñado y adorado, tanto que, hasta había -en varias ocaciones, junto a mí- ido a "vigiar o capiar" cuando ella subía las gradas que le conducirían a la escuela adonde daba clases. Esa semana, se dió a conocer una triste (otra más!) noticia en el pueblo, la Menchita se proclamaría nuevamente como candidata a su reelección de alcaldesa de parte del partido ese. En las mentes de gran parte de la población (según se podía comprobar al escuchar los rumores generales), existía la esperanza que, algún otro candidato lograra arrebatarle el puesto y la simpatía de los fanáticos que ciegamente (o por miedo a las represalias), formaban las filas de ese grupo político. Ni idea teníamos, sobre lo que vendría! Al querer alejarme de la pesadilla que significaba para un joven como yo, pensar sobre asuntos de política (y de falta de vergüenza) de los "tacuacines", "larvas", "vivianes", es decir, ladrones que se acobijaban en la pantalla que la política les ofrecía, para llevar a cabo sus nefastos planes e intenciones de convertirse en ricos, de la noche a la mañana, decidí irme para la casa de un señor amigo de la familia, quién nos visitaba frecuentemente, era don Virgilio, un señor de origen (y apariencia) indigena. El llegaba desde un cantón de San Sebastián (en el departamento de San Vicente) a la casa de uno de mis tíos, recuerdo que siempre nos llevaba, dulce de "batido", unos dulces meniaturas envueltos en tuza y amarrados en pares (copiando a los "atados") bien ricos y melcochas, también nos "abastecía" de colchas y hasta hamacas. Bueno Chepito, fijate que este señor tenía unos terrenitos por ese lugar y en ellos, sembraba caña de azúcar; las veces que fuimos a visitarle, nos maravillabamos de la impresionante hermosura de la campiña guanaca, nos deleitabamos al sentir la brisa veraniega en nuestras humanidades y ciertamente (ayudados por nuestra inmensa imaginación infantil) nos transportabamos a estados supremos de éxtasis al recorrer aquellos benditos campos cuzcatlecos, tan llenos de colorido, luz, sonidos y olores peculiares y propios!!! Bien recuerdo que al poniente de la casona, enfrente de la cocina y a la par del establo (que era compartido por bueyes, vacas, caballos, gallinas y hasta unas cabras), estaba el pequeño trapiche que, al ser accionado por los bueyes ( al compás de los "chirridos" que daba), hacía que de los pedazos de esa planta, emanaran chorros de rica y espumeante miel azucarada, la que, nosotros (junto a los cipotes de los hijos de don Virgilio y otros vecinos) esperabamos impacientemente con un guacalito de barro, listos para llenarlo de aquella sabrosura natural. Balta (el hijo mayor de don Virgilio), era el caporal, él tomaba las desiciones sobre cuanta caña habría que molerse ese día, cuales bueyes ocupar y hasta de cuantas "chengas" tenían que echar las tortilleras (aparte -por supuesto- de las actividades respectivas del campo). Nosotros esperabamos su señal para ponernos en fila india y así, determinar el orden de llegada al chorrito de miel; Mingo, el hijo de Luis (otro hijo de don Virgilio) casi siempre era el primero, es que, como ya era un poquito más grande que los demás, había aprendido cuando era que la miel empezaba a salir! Muchas veces, fijate Chepito que, después de saborear la deliciosa miel, nos ivamos (con el cuidado de Efraín, el hijo menor de don Virgilio) a darnos nuestros "chapuzones" al bello río Machacal que, muy gallardamente riega bondadosamente esos suelos nobles de la campiña guanaca; al regresarnos al rancho, pasabamos a cortar "pepenances" en una finca que tenía una crianza de gallinas blancas. Al atardecer y estar ya a punto de caer la noche, nos volvíamos a ir a buscar unos troncones o piedras, para sentarnos a la orilla de la fogata que encendía Balta y en la que, ponían a azar elotes, mientras don Virgilio, bajo ese bellísimo manto azul de las noches salvadoreñas -plegadas de miles y miles de estrellas sonrientes y brillantes-, nos deleitaba con sus cuentos, historias, leyendas y narraciones de un El Salvador lindo que, nosotros debemos conservar, mantener y exponer, para que siga viviente y vigente en los corazones nuestros y en el conocimiento de aquellos que no tuvieron la fortuna de haber nacido en esa...Tierra Linda!!! Hasta aquí llegaré ahora Chepito, prometo seguir contándote sobre lo bello de nuestra patria, para que día a día, se te hinche más el pecho, al saberte "salvaguanatrucha" pues eso...es un gran honor!!!

Salú,

El Monsiour.


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