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La Gente de la Sonrisa La tarde estaba ya entrada, el viento que asotaba hacía que esta, se volviera un poco fría y con ello, en la larga fila de personas que buscábamos entrar a los Estamos Sumidos por la frontera de San Ysidro, se notaba mucha gente con abrigos, chumpas y suéteres. La espera –según los reportes a través de la radio- sería aproximadamente de dos horas, aún así, me apresté a formarme en esta fila, con la esperanza que los reportes fueran imprecisos o que, los señores de la “migra”, se compadecieran de nosotros y aceleraran el paso en las revisiones que ahora eran (son) mas escudriñosas. Nada de estas dos cosas pasó, al contrario, la espera se alargó mas de lo previsto pero, una vez ya de este “ladero” noté que, aunque me había tardado 2 horas y 40 minutos, ¡no había sentido el paso del tiempo! Lo que creo que me ayudó a no aburrirme ni fastidiarme, fué el hecho que, cuando la señora que venía con su esposo, justo atrás de mi, comentó que sentía mucho frío, le ofrecí mi chumpa. Ella, no la aceptó al principio, diciéndome que pronto pasaríamos la frontera adonde sus hijos, les estaban esperando, para llevarles a casa (en San Diego, California). Fuímos de vacaciones a Mazatlán –me contaba ella-, el clima está bien cálido allá y no esperé que aquí en la frontera, estuviera frío, por eso, guardé mis suéteres en la valija que mandamos por avión y nos venimos con pantalones “shorts”. Al paso de unos minutos (ante mi insistencia y consentimiento de su esposo), esta señora aceptó usar mi chumpa. Un joven con pelo largo y de apariencia despreocupada que estaba unos pasos adelante de nosotros en la linea, se me acercó y me dijo que, había estado al tanto de nuestra conversación y que le parecía muy amable de mi parte, haberle ofrecido mi chumpa a la mencionada señora. Mi nombre es Nick –me dijo-, acabo de regresar a los “Estamos Sumidos” de un viaje de 3 años que hice al Nepal y otros países de Asia. Con esto, empezamos a conversar sobre diferentes cosas. ¿Y como es el Nepal? le pregunté, Es un país muy pobre, lleno de gente linda y feliz, los paisajes son extraordinarios, el clima muy agradable, en fín, es un país del que me arrepiento haber dejado y adonde me gustaría regresar... ¿De verdad? ¡Si, claro!, allá la gente es amable, hace cosas así como las que estás haciendo con esta señora. ¿Y como es que llegaste hasta allá? Yo estaba estudiando en la universidad la carrera de maestro, de repente, un día que estaba en la clase de sociología, el profesor nos hablaba acerca de algunos países con valores y normas sociales un poco diferentes a las que reinan aquí en este país, ante lo que este profesor expresaba que esas eran algunas de las causas por las que esos países eran pobres. En un intento de saber mas sobre este tema, le pregunté al profesor ¿cuantos países de estos había visitado y cuales eran estos países?, el me respondió que conocía Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y otros países de Europa. ¡Pero esos no son países pobres! –le interrumpí-, a lo que el profesor me respondió que en efecto, no eran esos países de los que hablaba si no, de los países del Medio Oriente, de Asia, de América Latina y de Africa y a los que nunca había visitado pero, a través de libros, informaciones del gobierno de este país y de otras fuentes como la CIA, era que él sabía que eran pobres y subdesarrollados. Como yo me preparaba para –precisamente- enseñar estos temas a mis alumnos (cuando me titulara de maestro), me parecía insuficiente la información, además de distorcionada o mal intencionada talvés, asiesque, decidí dejar la universidad e ir a aprender de la vida, es que, sí sería maestro, pensé que debería conocer a ciencia cierta los temas sobre los que les hablaría a mis alumnos, ¿no creés? Creo que sí (le respondí) y Nick, siguió contándome... Con un dinero que tenía ahorrado, me embarqué hacia Inglaterra, de adonde partí a Turquía a encontrarme con unos amigos que conocí a través de un intercambio de estudiantes. Ellos me ayudaron con un dinero que me sirvió para llegar a Tailandia adonde iría a trabajar como maestro de Inglés; allí en Tailandia conocí a una joven nepalesa, de quién me enamoré y con quién fuimos a pasar unas vacaciones a su país natal, al regresar a Tailandia, me encontré con una oferta de trabajo en Bolivia, oferta que tomé y que me valió que mi novia me dejara (me dijo, sonriendo), una vez en Bolivia, conocí a unos estudiantes universitarios que me ofrecieron ir a trabajar a Nicaragua o El Salvador... Al escuchar el nombre del país mas bello del planeta, le interrumpí inmediatamente al querer saber si había tenido la oportunidad de visitar ¡MI TIERRA LINDA! ¿Tu eres salvadoreño? (me interrogó Nick), Si, le respondí, ¿conociste mi país? ¡SI!, me dijo, es un país muy verde, muy pictoresco, muy florido y alegre, lleno de gente muy amable y siempre con la sonrisa a flor de labio, nunca tuve problemas con nadie -a pesar de las advertencias que algunos me daban-, al contrario, la gente siempre está dispuesta a ayudar, la gente siempre saluda, te sonríe, te ve a los ojos, eso es lo diferente de ustedes (continuaba Nick), por que aquí en los “Estamos Sumidos”, la gente desconfía de todos, especialmente de gente como yo, que me visto como quiero, sin aceptar controles sociales y por supuesto, de gente como tu (me dice), a los que sin conocer, le colocan un estereotipo ya sea de haragán, de violento o de sucio. Fijate que en muchos países que he conocido, que son considerado pobres y subdesarrollados, es adonde he encontrado la gente mas feliz y amable del mundo, son países como Nepal, Tibet, Bolivia, Nicaragua y especialmente ¡¡¡El Salvador!!! Púchica mano, yo que ya estaba bien cu...an orgulloso, de escuchar este relato de Nick, sentía que mis lágrimas de gozo brotaban de mis ojos pero, el deseo de seguir escuchando cosas tan buenas y que, sonaban como suaves melodías a mis oídos, me hacía seguir preguntándole a Nick, asiesque, le pregunté cuales lugares conocía. Me ubiqué en Chalatenango -me decía-, exactamente en un pueblito llamado San Antonio Los Ranchos, adonde les enseñaba Inglés y otros asuntos a los jóvenes del lugar, como prácticas sanitarias y de aseo, también conocí Suchitoto y ¡me fascinaron las playas! Al terminar mi labor en El Salvador, me vine para acá a visitar a mi familia, estuve 4 meses pero, al sentir la falta de calor y cariño que recibía de la gente de esos lugares y al notar la fobia de la gente estadunidense, opté por volver al Nepal, adonde busqué a mi novia y con quién hice las pases. Allá estuve los últimos 3 años, trabajando y viajando a otros lugares como el Tibet, China, Pakistán pero, mas importantemente, estuve VIVIENDO, es que, la mayoría de gente aquí en los “Estamos Sumidos”, no entiende el concepto de la vida que se respira en esos bellos lugares que he conocido, regresé hace 2 días y ya me siento arrepentido. Mirá Nick (le interrumpí), y ahora con esto de los atentados, ¿no tuviste problemas? ¡Para nada! (me dijo), al contrario, la gente al saber que yo soy “gringo”, se me acercaba para expresarme su pena y dolor, muchos me preguntaban acerca de mi familia y me confiaban su deseo de paz y salud para mi gente, de verdad que, aunque me dé pena confesarlo (continuaba él), es aquí en este país (se refería a los “Estamos Sumidos”), donde la población es xenofóbica y mal informada, yo quisiera (continuaba él) que mis paisanos visitaran los países que yo he visitado, para que se den cuenta que a nosotros como pueblo, nos reciben y tratan bien, si hay malestar en algunos de esos lugares y regiones, es debido a la mala política que nuestros gobiernos han sistematicamente desarrollado contra ellos... Nos acercábamos a nuestro turno de ser entrevistados por la “migra”, por lo que me apresuré a intercambiar direcciones y teléfonos con Nick, no sin antes preguntarle: ¿te gustaría visitar la “tierra linda”, otra vez?, a lo que él me respondió: ¡Sin duda alguna!, es mas, si decido irme de aquí de nuevo, te prometo que El Salvador será la primer parada que tendré, es que, tengo muchos y bellos recuerdos de tu país (me dijo), tu gente es muy alegre, servicial, amable, trabajadora y sobre todo ¡¡¡MUY SONRIENTES!!! Nick pasó su turno por la “migra” y se alejó entre la obscura y larga sala de recepción, la señora me regresó mi chumpa con muchas palabras de agradecimiento (y reconocimiento –me confesó- pues había estado escuchando mi conversación con Nick), yo, yo me quedé muy maravillado y tremendamente emosionado por las palabras de Nick, mirando alrededor, como queriendo hacer partícipe de mi orgullo a todas las personas que estaban presente, ese orgullo que aún se alberga en mi pecho y que deseo ahora, compartir con ustedes mis hermanitos chulos, adonde sea que se encuentren para que, junto a mí, reanimen su espíritu y llenen su pecho de alegría y satisfacción, al saberse bien nacidos “salvaguanatruchas” pues eso, es un ¡Gran Honor! Salú, El Monsiour.
“¡Flores negras!”,..... “¡flores negras!” Entre canción y canción, esas palabras pronunciadas por una mujer, sobresalían entre el bullicio de la multitud que asistía al baile; yo había asistido con mi esposa y cuñada y estábamos sentados en grupo junto a varios amigos y sus esposas; la música emprendía nuevamente y al terminar de sonar la orquesta (era la San Vicente), de nuevo se oía en el ambiente el “¡flores negras!”, “¡flores negras!”. - ¡Esa es la Elsa Toledo! (dijo alguien en nuestro grupo), - ¿Quién? (pregunté), - La Elsa Toledo, la ex~mujer de Germán “el chapín” (me respondió Juanito), - ¿Aquella hermosa señora, piel morena? (indigé yo), - ¡Si hombre la que se hizo puta, cuando la dejó el chapín...! - ¿Y por que grita? (pregunté), - ¡Uta, maje!, por que quiere que toquen esa canción (me respondieron); Era una noche de noviembre del 2000, en mi pueblo allá en la “tierra linda”, estábamos precisamente en una fiesta de carnaval. Al darme deseos de ir al baño, me alejé del grupo y por mera curiosidad (quería ver a la señora esta, quien, alguna vez de joven, yo había admirado y hasta soñado con tener en mis brazos), me desvié en dirección de adonde provenían los gritos de ella y llegué hasta adonde, vestida en un precioso y corto vestido azul/morado, con un chal negro profundo sobre sus hombros, ella, estaba enseñorada del ambiente, con sus piernas (aún hermosas) cruzadas y con un porte elegante y distinguido. La miré y aunque quise desprender mis ojos, estos se clavaron en su presencia que, me hizo recordar mis adolecentes deseos; afortunadamente, ella no lo notó y seguí en mi camino hacia el baño. Al venir de regreso, quien sabe por que razón, se me ocurrió acercármele e invitarla a bailar; en ese momento tocaba el conjunto la “Raza Band” una cumbia y al hacerle la invitación, con una aire de desprecio y desdén, me respondió secamente con un ¡NO! Como andaba un poco entregado a los dominios del dios Baco, no me importó el desaire y procedí a invitar a una de las mujeres mas jóvenes que le acompañaban (para disimular la humillación); esta joven aceptó y nos pusimos “a mover el bote”. Entre canciones y ya charlando un poco, esta mujer me dice que mi cara le parece conocida pero que no recuerda muy bien de mi, ni sabe mi nombre. Le respondo que soy del pueblo, que salí a finales de la década de los 70 hacia los Estamos Sumidos y le dí mi nombre. - ¿Usted es El Monsiour? - ¡Si!, Entonces ya sé quien es usted, usted jugaba en el equipo de mi hermano y... Dejamos de bailar, me despedí de ella y me fui a juntar con mi esposa y demás amigos. En eso, me dicen que faltan cervezas y pues, me ofresco de voluntario para ir a comprarlas. Al pasar por adonde estaban los de la orquesta, les pregunto si se saben la canción “flores negras” y al responderme que si, les pido que por favor la toquen, para complacer a una bella dama. Ellos me prometen tocarla, al empezar su tanda. De manera casual y sin levantar sospechas, me acerco a la niña Elsa por su costado y cuando tengo la certeza de que la orquesta empezará a tocar, le formulo la invitación a bailar nuevamente; ella me mira (noto que ya no hay desprecio ni desdén en su actitud), sonríe apenadamente y al sonar las primeras notas de “flores negras”, docilmente se entregó a mis brazos. - ¡Disculpe que no le haya aceptado la invitación a bailar! (me dijo), es que, no sabía quien era usted y como aquí en el pueblo hay muchos habladores y mentirosos..., - No se preocupe, (le respondí) al momento de dejar que mis brazos la abrazaran y que mis mejillas, sintieran lo terso y sutil de su rostro, al tiempo de que mi imaginación, viajaba a parajes lejanos, hermosos, imposibles... - ¿Y cuando vino? - Llegamos hace unos 5 días, mi esposa, mis 2 hijas y mi cuñada, nos regresaremos en 15 días (le conté). Al despedirme ( pues, tenía que regresar con mi “Sofía Loren”), ella me invitó a su casa. Llegen mañana en la tarde, ¡comeremos jaibas! Regresé al grupo de amigos, le conté a mi esposa lo sucedido y sobre la invitación para el día siguiente. El baile terminó en la madrugada y “nuestra” fiesta, bien entrada la mañana. Mis hijas me despertaron como a eso de las 10 y emprendimos un corto viaje a Atecozol, en ese bello lugar de la “tierra linda” disfrutamos de una revitalizadora y refrescante agua que, junto con las minutas de tamarindo, nos hicieron “despertar”. Al regresar al pueblo, nos fuimos directamente a la casa de la niña Elsa; aquella hermosa mansión como palacete, camino a la estación. La tarde estaba espléndida, el brillante sol guanaco, regaba la faz de la tierra con su luz y calor, el límpido azul del cielo nuestro, se engalanaba con el vuelo alegre y entretenedor de las palomas de castilla que en bandadas, llegaban a beber agua de la fuente que en el centro del jardín de rosas de la casa, adornaba y daba vida. Yo había en algunas ocasiones visitado esta casa (recuerdo en particular, una fiesta de presentación de la reina del pueblo, a la que había asistido acompañando a una de mis tías, cuando yo tenía unos 12 ó 13 años). Esta casa, es de 3 niveles, con una docena y media de habitaciones y escaleras que llevan a esas habitaciones y a ventanas que se abren ante balcones, desde los que se domina amplio panorama del jardín (con sus arriates llenos de rosas y la fuente), de la finca e incluso, de una de las calles principales del pueblo mío. Nos recibió una sirvienta quién nos condujo hacia el patio, adonde había una mesa de madera color blanco, bajo una sombrilla grandísima. En cuestión de segundos salió a saludarnos la niña Elsa y nos pusimos a conversar y a beber la rica y helada cerveza que ella, había mandado a poner en un barril con hielo. A media tarde y cuando mis hijas se habían puesto a montar a caballo, junto a unas niñas hijas de amigos de la niña Elsa, ella (quizás alentada por las “polarizadas”), empezó a contarnos su “desgracia” (como lo dijo ella): Yo soy hija única de padres bien pobrecitos (empezó a contar, aunque, yo algo sabía de esto), como ellos no podían mantenerme, don Agustín y la niña Amelita, les dijeron que me regalaran a ellos pues, ellos si podrían darme todo. Don Agustín había llegado al pueblo desde un lugar de España, cuando estaban construyendo las lineas del tren; conoció a la niña Amelita y se casaron uniendo la riqueza que la familia de ella había amasado, al dinero que él había ganado en su trabajo pues, era ingeniero. Se casaron y nunca pudieron tener hijos, por eso, es que me adoptaron. Fueron muy buenos conmigo, me dieron educación, viajes, lujos y todo lo que que yo quise. Lástima que, no hice caso cuando ellos me decían que me casara con Eduardo León (quien era un buen muchacho del pueblo, hijo de otro señor español). Cuando ellos se murieron, me dejaron todo (que consistía en esta casa del pueblo, otra casa en la colonia Flor Blanca de San Salvador, 1 rancho en Garita Palmera, 2 fincas cafetaleras, 1 aserradero y venta de madera, 1 apiario, 1 venta de leña rajada y un corral con unas 40 cabezas de animales). Fue durante la enfermedad de mi mamá (la niña Amelita) que conocí a Germán, el llegó al pueblo a jugar al equipo de futbol y una tarde, cuando estaba viendo el partido, se me acercó y nos pusimos a pláticar. Al principio era bien amable y aunque no me gustaba su fisico, dejé que me visitara y poco a poco, nos fuimos haciendo mas amigos hasta que un día, lo acepté. Mi papá (don Agustín) permitió que fuera mi novio, por que yo le lloré y supliqué que me diera permiso de salir con él. Como Germán podía manejar, se mostró dispuesto a llevar a mi mamá al hospital o al doctor, cuando ella se agravaba, esto, le agradó a mi papá y de esta manera, Germán se ganó su confianza. Mamá murió y unos meses después me casé con Germán, en esos días, el era muy tierno conmigo y no salía de la casa sin mi; cuando el jugaba, me llevaba adonde fuera el partido, seguido ibamos a San Salvador al Teatro Nacional, los sábados ibamos a algún paseo o nos ibamos al rancho, etc., con todo esto, mi papá se sintió complacido y al morir (unos 4 años después), se fue convencido que Germán me haría siempre muy feliz. ¡Pero no fue así!, después de haber puesto casi todas las cosas en nombre de los dos, empezó a ausentarse de la casa (especialmente en las noches) y regresaba borracho y enojado conmigo, ya no puso cuidado al trabajo y durante las épocas de cosechas del café, yo tenía que andar de arriba y abajo, asegurándome de que todo marchara bien y cuidando que los administradores no nos fueran a robar, mientras él, se las pasaba jugando póker y chivo. Como él ya casi no me sacaba, yo mejor me dedicaba a cuidar mis rosas que sembré en estos jardines, todos los días, cortaba las que estuvieran listas y me las llevaba para adornar nuestro dormitorio, una tarde, cuando yo iba con una ramos de rosas rojas, entré a nuestra recámara y lo encontré ¡acostado con una sirvienta! En ese mismo momento, lo saqué de mi casa; el se fué pero yo, jamás me hubiera imaginado lo que ya me había hecho... ¡había puesto casi todo a su nombre, falsificando mi firma! Y robándome lo que me habían dejado mis padres adoptivos. ¡Las rosas rojas, se quedaron sobre un tocador! A mi, me dió una depresión profunda de la que, me costó mucho trabajo salir, primeramente, me puse a tomar y a tomar, casi no comía y me descuidé totalmente de mi apariencia, en eso, traía “amigos” a la casa quienes se quedaban a “dormir” conmigo y bajé hasta lo último que la decencia permite, al tratar de conseguir el “tragito” que me hacía falta y que, me ayudaría a pasar el momento tan duro que, las “gomas” fisicas, mentales y morales me causaban. Llegué a tener “delirium tremens” y si no hubiera sido por la “Paquita” (su sirvienta leal y cariñosa) quien la cuidó y la sacó (a pura fuerza) del vicio, yo quizás ya estaría hasta muerta. Logré recuperarme y poco a poco, me alivié; ahora tomo y ya no me emborracho como antes, es decir, me mido un poco y tengo mis límites. Con gran esfuerzo, dediqué tiempo y trabajo a reconstruir lo poco que me quedaba y pude, arreglar mi casa, hasta tengo un colmenar y abrí otra vez la venta de madera y leña; ya ven, ¡ya no estoy tan mal! - Bueno (le interrumpí) ¿y que se hizo Germán? Pues, se desapareció por unos años; me contaron que había perdido todo en el póker y la chiviadera. Con eso de la guerra, apareció en el pueblo, dicen que era de los Escuadrones de la Muerte y que andaba junto con otros, matando gente inocente, solo para robarles las pertenencias y violando a las mujeres jóvenes y bonitas que encontraran en las casas de las víctimas. Varias personas aseguraban que aunque se cubría la cara para cometer estos crímenes, reconocían su voz y acento chapín. Después que terminó la guerra, vino a buscarme, vino a pedirme que lo perdonara y que volviera con él, siempre te he querido (me decía) y estoy dispuesto a hacer lo que quieras, te suplico que me perdonés y que volvamos a ser los de antes (al contarnos esto, su rostro se compungía y las lágrimas inundaban sus sufridos ojos negros) pero... ¡yo no cedí! ¡Le dije que se fuera para siempre!, es que, aunque yo todavía lo quiero (nos confesaba), jamás le voy a perdonar lo que hizo con tanta gente inocente, lo que me hizo a mí, ya se me olvidó (continuaba) pero, esas pobres gentes humildes que mató y las pobrecitas muchachitas que violó no tenían la culpa, ni nada que ver con ese... ¡cochino animal! Por eso, cuando vino la última vez, le dije que le quería entregar algo; eran las rosas que aquella tarde yo traía hacia la recamara, cuando lo encontré con la sirvienta; ya eran solamente...”flores negras”. - ¿Y por que anoche pedía usted esa canción? (le preguntó mi esposa), - ¡Ah!, es que, esa canción nos gustaba mucho a los dos, la bailabamos en esta casa, en esos días que yo, pensaba que el era otra clase de hombre, ahora, el es solo eso para mí... ¡flores negras! Con la caída de la noche, nos despedimos de ella pues, había que alistarnos para asistir al baile de esa ocasión. En el camino a casa, no pudimos evitar comentar sobre lo que ella nos había contado y sentir –además- admiración y respeto, por todo lo hermoso y bello de su conducta, por su madurez, su forma de ver la vida, sobre todo, por su tremenda DIGNIDAD. A mi, jamás se me olvidarán sus palabras y la canción “flores negras”, es para mi, desde ese momento, sinónimo de gran mujer, gracias a ella, la niña Elsa, un verdadero símbolo de la dignidad de nuestras mujercitas “salvaguanatruchas”, a quienes saludo calurosamente con un fuerte abrazo fraternal. Salú, El Monsiour.
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