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La frescura de la brisa veraniega de un año de la
época de los 50 cobijó en una soleada tarde a esta linda pareja que
recientemente se había conocido, al llegar de visita al pueblo, este apuesto
galán quien regresaba de una larga estadía en los “Estamos Sumidos” y poner sus
ojos en la hermosa jovencita que orgullosa, recién había sido la recipiente de
una corona que le acreditaba como reina de un grupo social del lugar.
El era originario de Santa Ana, hijo de una familia
acomodada y dueña de algunas fincas cafetaleras y otras propiedades; había
aprendido fotografía durante su estadía en el ejército del país del norte, arte
que le valió mas adelante como medio de sustento, al iniciarse como hombre de
negocios; ella, nacida en la costera ciudad de las palmeras: Sonsonate, proveniente de una familia numerosa, dueños de
pequeños negocios y unos terrenos; hermosa, simpática y muy popular en el
pueblo, estudió para maestra rural y ejerció la profesión en villorios y cantones, adonde forjó algunos ciudadanos de
valor para la sociedad.
Al verse por primera vez, supieron que habían
encontrado al amor de su vida y así, aún ante la negativa de los padres de la
chica, ellos siguieron “viéndose” hasta que, una preciosa noche de luna llena,
plena de miles de multicolores estrellas brillantes, decidieron unir sus vidas
en medio de la complicidad de solamente unos cuantos amigos y conocidos que les
sirvieron de testigos de la ceremonia y del amor que de su corazón les emanaba.
En esta fotografía, ellos se aprestan a danzar
alegremente, en una fiesta informal en la ciudad de Santa Ana, meses antes de
contraer nupcias… ¡la felicidad era latente!